El lanzamiento sin precedente del Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el Fortalecimiento Económico de la Mujer en enero de 2016, ha abierto las puertas a los think tanks y otras instituciones de investigación para compartir las pruebas sobre lo que contribuye al crecimiento del emprendimiento femenino. Los miembros del Panel han solicitado asesoría de líderes de pensamiento a nivel mundial de todos los sectores con el fin de sentar las bases de un programa de acción que haga frente a las barreras que limitan el empoderamiento económico de la mujer. Como miembro del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá (IDRC), ayudé a organizar una consulta de expertos sobre este tema en mayo de 2016 en el Urban Institute de Washington, DC, para recopilar conocimientos profundos y detallados para el Panel. A continuación se presentan algunas consideraciones sobre lo que sabemos, lo que no sabemos y lo que funciona para impulsar el emprendimiento femenino. 

[Bio: Alejandra Vargas García es una Oficial de programas con el programa Crecimiento y Oportunidades Económicas para Mujeres en el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá, donde brinda apoyo a 14 proyectos de investigación sobre las barreras al empoderamiento económico de las mujeres en 50 países. Alejandra ha trabajado con la Agencia de los EE. UU. para el Desarrollo Internacional, las Secretarías de Relaciones Exteriores y Desarrollo Social de México y la ONU.  Cuenta con una Maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard y una Licenciatura por el Instituto Tecnológico Autónomo de México.]

El interés en las pruebas sobre el empoderamiento de la mujer va en aumento. He trabajado en este campo durante muchos años y, créanme, esa no es una afirmación que se escucha con frecuencia. El impulso internacional detrás del programa de la mujer se debe en gran medida al reciente lanzamiento del primer Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre el Fortalecimiento Económico de la Mujer. Este Panel tiene el mandato de aportar liderazgo de pensamiento sobre cómo mejorar los impactos económicos de las mujeres y niñas, en el contexto del 5o Objetivo de Desarrollo Sostenible sobre igualdad de género.

El Panel está integrado por 20 miembros, con representantes del Norte y Sur provenientes de los sectores públicos y privados, el entorno académico, al igual que de organizaciones de todo el mundo tanto multilaterales como de promoción y defensa de sus derechos. Quince de los veinte miembros son mujeres, incluida la Vicepresidenta de la República Unida de Tanzania, la Directora General de IKEA, las Directoras Ejecutivas de ONU Mujeres y Oxfam Internacional, y una investigadora de vanguardia del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El Panel ha identificado seis áreas prioritarias para el  empoderamiento de la mujer, una de las cuales es fomentar el emprendimiento femenino y mejorar la productividad de las empresas propiedad de mujeres. La expectativa es que los miembros del panel resalten las rutas que aceleren el empoderamiento económico de la mujer y emprendan acciones dentro de sus propias organizaciones para avanzar hacia dichos objetivos. La identificación de estas rutas provendrá de las pruebas que han surgido de las consultas llevadas a cabo recientemente con investigadores (entre los que se encuentran los think tanks del Norte y del Sur), defensores de derechos, encargados de formular las políticas y empresas del sector privado de todo el mundo. Los representantes de dos instituciones socias de ITT participaron en las consultas, a saber: Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) de El Salvador y la Fundación ARU de Bolivia.

Los aspectos buenos, malos y desagradables

A través de su programa de investigación sobre Crecimiento y Oportunidades Económicas para Mujeres (GrOW, por su sigla en inglés), IDRC facilitó una consulta de varias partes interesadas en la que la ONU analizaría los elementos que dan resultado cuando se trata de promover el emprendimiento femenino. Posteriormente, las lecciones que surgieron fueron sintetizadas y compartidas con el Panel. Si bien no existe una solución milagrosa, estos son nuestros conocimientos actuales:

Lo bueno: está aumentando el índice de emprendimientos femeninos; los cálculos sugieren que uno de cada tres negocios registrados formalmente son propiedad de mujeres.[1] Según el Gender Entrepreneurship Monitor (GEM - datos de 2015), más de 200 millones de mujeres emprendedoras en 83 países de todo el mundo se encuentran en vías de abrir nuevos negocios, y otros 128 millones ya están administrando negocios establecidos.[2]

Lo malo: se corre el riesgo de idealizar sobremanera el incremento en los negocios propiedad de mujeres. No todas las mujeres abren un negocio por un impulso emprendedor, más bien se debe a la necesidad y a la ausencia de más y mejores trabajos. ¿Mejora la situación económica de la mujer cuando abren un negocio? La realidad es que muy pocos negocios se convierten en grandes empresas, lo cual es cierto independientemente del propietario. Los datos sobre los elementos que sirven para apoyar los negocios propiedad de mujeres, en particular, no se encuentran ampliamente disponibles y las métricas varían mucho.

Lo desagradable: son considerables los retos que enfrentan los negocios propiedad de mujeres, aún más para aquellos que son informales. En países en desarrollo, el 70 % de las pequeñas y medianas empresas propiedad de mujeres se encuentra al margen de las instituciones financieras. Esto no es exclusivo de países en desarrollo. La brecha de crédito de los negocios formales propiedad de mujeres por todas las regiones es de aproximadamente USD 287.000 millones. Ante esta situación desfavorable, no es nada positivo que las mujeres emprendedoras tienden a concentrarse en los sectores que, con frecuencia, son menos gratificantes, sin registro y donde las perspectivas de crecimiento son limitadas.

Estas son algunas consideraciones sobre lo que, en opinión de los expertos, necesitamos para promover el emprendimiento femenino y un indicio sobre lo que los think tanks pueden aportar:

Reconocimiento de las ‘innumerables limitaciones’

Los desafíos que enfrentan las mujeres emprendedoras forman parte del amplio ecosistema de discriminación de género, que incluye la violencia de género, las barreras legales (por ej., leyes relativas a la herencia, la propiedad y el derecho consuetudinario), así como las responsabilidades familiares, entre otros.

El informe "Mujer, Empresa y el Derecho" del Banco Mundial (2015) reveló que 155 de los 173 países estudiados contaban con al menos una ley que impedía el desarrollo económico de la mujer. Las buenas políticas deben tener en cuenta estas limitaciones y su impacto sobre la mujer. Por ejemplo, las mujeres y los hombres emprendedores prestan e invierten su dinero de manera diferente, en parte porque las decisiones de las mujeres están muy ligadas a sus responsabilidades familiares, como el cuidado de sus hijos y de sus mayores. El Banco Mundial considera que las mujeres dedican de 2 a 10 horas más por día que los hombres a cuidar de sus hijos y de sus mayores.  Es evidente que las normas sociales y culturales producen un impacto sobre las oportunidades y las normativas económicas. Es necesario reconocer y abordar estas normas, y los think tanks se encuentran en buena posición para ayudar a los formuladores de políticas a resolver estos problemas. 

Necesidad de información

Existe evidencia acerca de la forma en que diferentes intervenciones, como la capacitación, la tutoría y la ayuda financiera, pueden ayudar a las mujeres emprendedoras en determinados contextos. ¿El acceso a la tecnología es útil para las empresas de las mujeres? Por supuesto. Los teléfonos móviles ofrecen información de mercado a las mujeres productoras. Sin embargo, la tecnología sola no es suficiente para el crecimiento económico. En efecto, existe muy poca evidencia contundente respecto de cómo ofrecer ayuda sostenible a los negocios de las mujeres para que puedan mejorar su rendimiento y prosperar. Necesitamos más información, dado que la cobertura en los países de bajos ingresos aún es limitada.

Las mujeres emprendedoras no son todas iguales. Su comportamiento varía en función de las clases sociales, de los distintos sectores, del nivel de formalidad o de informalidad y de las regiones. El IDRC, a través de proyectos como Contando el trabajo de la mujer, ha realizado esfuerzos para incorporar el aporte de la mujer externo al mercado a la economía del mercado. Respecto de las actividades empresariales en particular, los datos aportados por GEM y respaldados por IDRC, han ayudado a llevar un registro de los índices de emprendimiento en diferentes etapas y a evaluar las motivaciones y las ambiciones de los empresarios. Aún se necesitan datos más precisos y los think tanks, a través de su investigación, pueden ayudar a recopilar y analizar estos datos. 

Importancia de las redes

La participación en asociaciones empresariales, cooperativas de mujeres y grupos virtuales puede facilitar el intercambio de información, el desarrollo de capacidades y la formación de empresas conjuntas por mujeres emprendedoras. El Centro de Comercio Internacional ha destacado que, en entornos críticos como Siria, las instituciones locales, como las asociaciones de  mujeres y las cámaras de comercio, han logrado relacionarse con eficacia con las pequeñas y medianas empresas. Martha Chen, cofundadora y coordinadora internacional de la red Mujeres en Empleo Informal: Globalizando y Organizando nuestras Actividades (WIEGO), pone de relieve la necesidad de establecer cooperativas y entidades colectivas para que las mujeres emprendedoras puedan alcanzar el éxito. Claramente, las cifras hablan por sí mismas. 

¿Cuáles son los próximos pasos?

A pesar de los inconvenientes y de la falta de información, aún es posible ser optimista. La fundación Gates prometió donar USD 80 millones en los próximos tres años para aumentar la recopilación de datos con el objetivo de cerrar la brecha de la información de género. El Banco Mundial informa que, en los últimos dos años, 65 países han llevado a cabo 94 reformas jurídicas para mejorar la situación económica de la mujer.

El impulso y el trabajo realizado por el Panel de la ONU no es una cura milagrosa, pero aun así es un avance significativo. En los últimos meses, me he relacionado activamente con más de 60 líderes de pensamiento del sector académico, think tanks, sociedad civil y de los sectores público y privado, quienes generosamente han dedicado su tiempo para recopilar y compartir las mejores prácticas que consideran efectivas para el empoderamiento de la mujer. Espero que el Panel de la ONU aproveche este impulso para implementar un programa de acción coherente y proporcionar los lineamientos necesarios.

Los think tanks, incluso aquellos respaldados por la ITT, están capacitados para ayudar a implementar las recomendaciones del Panel a nivel local, dado que operan en la intersección entre la evidencia y la defensa de los derechos, desempeñándose a la vez como elaboradores y traductores de conocimiento. Su función para propiciar la creación de redes en el debate de las distintas políticas será fundamental para analizar las diferentes intervenciones destinadas a promover las empresas lideradas por mujeres en función de cada contexto, así como para respaldar su implementación por parte de los gobiernos y controlar su progreso.

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He aquí algunos enlaces a videos del debate “Transforming Dynamics in the Care Economy: A collaborative discussion on what works” (Transformación de la dinámica en la economía de las responsabilidades familiares: un debate colaborativo sobre lo que funciona), mencionado anteriormente: Sesión 1 (7 de junio de 2016) y Sesión 2 (8 de junio de 2016).

[1] La Corporación Financiera Internacional (CFI) define a los negocios propiedad de mujeres como empresas con (a) una titularidad o participación del 51,0 por ciento por una mujer o mujeres; o (b) 20,0 por ciento propiedad de una mujer o mujeres Y 1 mujer como directora general o directora general de operaciones (presidenta/vicepresidenta) al igual que ≥ 30,0 por ciento del consejo de administración esté constituido por mujeres, donde exista dicho consejo.

[2] Cabe señalar que los índices varían mucho en distintas regiones.

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